Stop war
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Ya viene el sol
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Roma città aperta
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Salvados
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Axioma futbolístico
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Letanías
por lo menos cabrá la sorpresa ...
En audición: Los Planetas "La Copa de Europa"
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Siempre lo mismo
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¿Por qué los domingos por el fútbol me abandonas?
afina con el pincel,
se nos eriza la piel ...
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"Haré ganar un montón de dinero al Mallorca"
- ¿Qué busca exactamente con la compra del club?- Queremos convertir el Real Mallorca en una especie de departamento de márketing de una empresa de reciclaje de plástico que vamos a instalar en la isla.
- ¿Y para eso necesita comprar un club de fútbol?- Para que lo entienda, la industria del plástico no es muy excitante. El fútbol, con toda la carga emocional que tiene, y la masa social que atrae, nos ayudará a darnos a conocer, y no sólo en la isla, también fuera de ella. El Mallorca es una excelente vía de promoción. Todos saldremos beneficiados. El club, y también la isla, porque vamos a desarrollar aquí una actividad comercial muy importante.
- ¿Por qué ha elegido Mallorca?- En general Mallorca es un buen lugar para hacer negocios. Es una isla donde se genera un ambiente de felicidad y donde conviven ingleses, alemanes y españoles, y además es muy accesible desde casi toda Europa. Y desde luego es un lugar maravilloso para vivir.
volando en el tiempo hacia atrás,
flotando sobre un arco iris de cristal ...
En audición: Los Flechazos "Viviendo en la era pop"
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Diez años atrás
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Los domingos toca
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La pena máxima
Por la tele se oye a un comentarista, disfrazando de ultra sus comentarios y perdiendo así toda rigurosidad, asegurar que el lanzador va a marcar porque "tiene todo un país detrás con él". El comentarista parece, incluso, más nervioso que los actores del juego.
El lanzador ya está en posición y, de fondo, se oye el silbato del árbitro mandando ejecutar la pena máxima. Pena máxima, sí, pero sólo para uno de los dos contendientes que se baten en ese duelo desigual y, al parecer, por asimilación, para toda una nación. Nuestro héroe nacional ya ha iniciado la carrera hacia el balón, en menos de un segundo contactará con él y decidirá el futuro del país (si hacemos caso al comentarista, claro). No entiendo ni cómo puede correr, abrumado por el peso de tanta responsabilidad ...
De repente me doy cuenta de que no estoy solo en el sofá. Ella ha iniciado, al tiempo que el delantero, unos movimientos nerviosos que han conseguido que la cómoda posición en la que ambos estábamos siguiendo el desarrollo de la parte final del partido se haya esfumado. Ahora su cabeza, que antes reposaba sobre mi pecho, me tapa toda visión posible de la televisión. Y eso que es de treinta y dos pulgadas. Mientras oigo a los vecinos gritar el gol, ella se gira y me besa apasionadamente.
Mientras todo esto ocurre yo pienso que no ha estado nada mal esa forma de superar los cuartos de final. Y que ya nos tocaba darnos una alegría.
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Dónde estabas tú en el 99
Todo hubiera sido genial si no hubieran pasado dos cosas negativas. Primero, que no resultó tan fácil como hubiera parecido ligar con las nativas inglesas, ya que si bien nosotros veníamos de Mallorca, el otro equipo era de Roma, y eso emparejaba las fuerzas a la hora de ligar. Y, segundo, y no menos importante, que perdimos el partido por dos a uno.
Vale, ahora hablaré un poco del partido ya que, por lo expuesto en el párrafo anterior, no tengo ligues que contar.
Tras ir eliminando a potentes equipos como Hearts, Genk, Varteks o Chelsea, los bermellones se plantaron en la segunda final de su historia (la primera fue la de la Copa del año anterior) sorprendiendo a Europa con su juego descarado y un bloque a prueba de bombas. Enfrente, la Lazio de Sven-Goran Eriksson, plagada de jugadores de renombre (Nedved, Vieri, Almeyda, Nesta, Dejan Stankovic, Mancini, etc.) y con la seguridad y el aplomo que da el ser un habitual de las grandes citas, precisamente lo que les faltó a los de Cúper. Cualquier buen aficionado mallorquinista recordará aquella plantilla. Con la sobriedad en la portería de Carlos Roa, la seguridad y el poderío aéreo de Marcelino Elena y Gustavo Siviero en el centro de la zaga, y el carisma y la veteranía de Javier Olaizola y Miquel Soler por las bandas. En el medio, la manija caía en manos de Vicente Engonga, serio, tenaz y trabajador como pocos. El mejor Stankovic, una de las mejores zurdas que haya pisado la isla, no se cansaba de surtir de balones de gol a los hombres de ataque, mientras que por la banda derecha, la potencia y la juventud de un joven Lauren hacía que los grandes de Europa pusieran sus ojos en él. En la mediapunta, un Ibagaza aún pendiente de explotar compartía posición con su compatriota “Chupa” López que, pese a su calidad, nunca llegó a brillar en la isla. Arriba, el gol era cosa de Dani y Leo Biagini, quienes indudablemente vivieron su mejor etapa como futbolistas en el club balear. Paco Soler, Lluis Carreras, Fernando Niño o Carlitos eran otros de los jugadores que apuntalaban un equipo que daba precisamente definición al concepto de “equipo”. Un bloque íntegro y sin fisuras, compensado, con jugadores con hambre de éxito y un entrenador capaz. En el día más grande del mallorquinismo, casi 7.000 personas se desplazaron hasta Birmingham con la ilusión de ver a Olaizola alzar la Recopa. En una nueva reedición del clásico David contra Goliat, los modestos pero efectivos mimbres del Mallorca soñaban con hacer frente a la legión romana encabezada por el temido Christian Vieri. Fue precisamente el ariete laziale quien, adelantándose de cabeza a la defensa bermellona, recordaba al equipo español que una final europea es un tema serio. A los 7 minutos de juego, Roa ya había recogido una vez el balón de sus redes, y el panorama que se presentaba ante los de Cúper no era nada halagüeño. Con el gol en contra y el oficio de los italianos, cualquier disposición táctica del maestro Cúper quedaba reducida a cenizas. Nada de lo ensayado servía ya. Pero aquel Mallorca era de otra pasta. Cualquier equipo se habría venido abajo, con un 1-0 en el minuto 7 frente a un rival italiano en una final. El Mallorca de Cúper no. Sobreponiéndose a la adversidad, reinventándose a sí mismo, creyéndose que de verdad estaban en una final europea, Stankovic y Miquel Soler fabricaron el empate apenas 4 minutos después. Como venía siendo costumbre en los isleños, Jovan Stankovic puso el balón con su bota izquierda a disposición del rematador, en este caso Daniel García Lara, que conseguía la igualada, dejando helados a los italianos y sorprendida a toda la Europa futbolística. Con el 1-1 el partido fue dominado por el centrocampismo. Ni Lazio ni Mallorca inquietaban la portería contraria. La batalla que se libraba en la zona de medios era terrible, con un Engonga colosal frente a la dureza de los italianos, cuya actividad ofensiva quedaba reducida a los balones colgados sobre la cabeza de Vieri ante la incapacidad de un casi inédito Roberto Mancini. Pero el destino, el mismo que había dispuesto que los baleares jugaran aquella final, quiso ser cruel con el novato. Un balón suelto en la frontal del área de Roa, fue aprovechado por Pavel Nedved, quien a la media vuelta y con su pierna derecha, empalmaba una volea que sellaba el infortunio del modesto equipo español. En su interminable recorrido hacia la red, aquel balón puso el alma de toda una isla en vilo. Y el final quiso ser amargo. No ganó quien lo mereció, ganó quien menos lo intentó.
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Diez años atrás

El Mallorca dobló la apuesta y a punto estuvo de hacer saltar la banca. No llevará a sus vitrinas la Copa del Rey, pero siempre será recordado como el vencedor moral de una final épica. Fueron casi tres horas de pasión incontestable que devolvieron la grandeza a una competición casi clandestina, a la que se aferran los poderosos para justificar los malos ejercicios. El Mallorca llegó a Mestalla con el premio anticipado de la Recopa, sin presiones adicionales, sin ansiedad, y con la modesta condición del outsider. Regresó a su isla con el pecho henchido y despertando las simpatías de quienes tienen la sensibilidad de inclinarse por el débil. Y anoche, más de media España futbolística estuvo con el conjunto mallorquín. La gran historia de esta final comenzó a escribirse a los seis minutos, cuando Amato, el factor desequilibrante por el que suspiran muchas equipos, rompió las cinturas de Giovanni y Nadal para servir en bandeja un balón a Stankovic, que colocó en las mismísima cruceta de Hesp. El globo de la sorpresa estaba hinchado. Era el globo de un equipo solidario, equilibrado y ordenado. El Mallorca, tras conseguir su preciado botín con el tanto de Stankovic, se dedicó a marcar el tempo del partido. Lo hizo manejando las pausas, el control del encuentro y desquició al Barça. Van Gaal no reaccionó hasta después de una hora. La maniobra y el cansancio del Mallorca empujaron al Barça, que encontró el gol en una acción de Giovanni culminada por Rivaldo. Mena reconoció su error y pidió perdón a la afición. Su entrada sobre Rivaldo le costó la expulsión y descompuso el mecano de Cúper. Romero fue más tarde expulsado por un Daudén Ibáñez que llevó el reglamento al límite. El Mallorca, con nueve hombres y Stankovic cojo, realizó entonces una defensa numantina ante un Barcelona volcado, que envió dos balones a la madera, de Giovanni y Pizzi. El último tramo del partido y la prórroga les convertía ya en los héroes del partido. Stankovic tuvo el penalty de la victoria en sus pies, con el portero rival vencido hacia su derecha viendo como el balón iba justo en la dirección contraria, pero unos centímetros más allá de la portería. El campeón lo decidió Hesp al parar el último penalti a Eskurza para cerrar una final que no tuvo perdedores.
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Envidia sana
En fin, que no pudo ser y me toca ver el partido por la tele. Al menos así no me mojo.
a la suerte que nunca llega si la estamos esperando ...
En audición: Andrés Calamaro "Las oportunidades"
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La épica se viste de rojo
Anoche Miquel Àngel Moyà, mientras en su pueblo estaban más atentos a la revetla de Sant Antoni, se disfrazó de Casillas (o tal vez no, igual es que es un gran portero también) y lo paró todo. Absolutamente todo. Sus compañeros, durante la primera mitad, se limitaban a pasarle el balón a un rival cada vez que lo tenían. Unas veces al rival más cercano y otras a otro más alejado, pero siempre a un rival, que para algo éramos los invitados a la fiesta blanca. En la segunda mitad, el siempre discutido entrenador nuestro, dio entrada a nuestro particular D10S, el jugador cuyo nombre es más grande que él y, sin embargo, más pequeño que su calidad: Ariel Miguel Santiago Ibagaza. Un inteligente desmarque por detrás de Cannavaro (balón de oro y metrosexual reconocido a la par que reconocible), un pase desde medio campo de Fernando Varela poniendo en juego una falta con rapidez, un control de lujo y un toque sutil por encima de la media salida agónica del portero merengue Dudek, certificaron la victoria bermellona por cero a uno en tan inexpugnable feudo.
Y lo que es más importante para mí, me dieron una noche de alegría (después de ochenta minutos temblando y esto es textual) y permitieron que hoy pueda, por una vez, presumir de equipo de fútbol. Y, de verdad, son tan pocas las veces que hoy voy más ancho que nadie por la calle.
que bonito nombre tienes,
felicidad
vete tú a saber dónde te metes ...
En audición: La Cabra Mecánica "Felicidad"
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Fiebre en las gradas
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Punto verde



abril 2010