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Stop war


Y esta noche, a las diez, como ocurre dos veces cada año, de nuevo se para el mundo. Y yo, si pudiera, te llevaría a cenar y me olvidaría del fin del mundo, o me inventaría otro contigo, aunque seguramente tú me reñirías por ser tan apocalíptico. Sin embargo, como la opción A parece descartada, no sé realmente dónde me pillará el fin del mundo esta vez. Como en toda guerra que se precie, hay dos bandos. Y luego hay también paises neutrales mal vistos como Suiza, como yo.

... l'heure est aux choux gras
et aux bourreaux des tibias ...
En audición: Mano Negra "Santa Maradona"


Ya viene el sol


El Mallorca ha llegado a un acuerdo con una empresa de soporte medioambiental (no sé cuál) para instalar en el ONO Estadi 3.000 placas solares que generarán más de 800.000 kW/h de electricidad. La idea que se tiene en mente es la de aprovechar la cubierta de la tribuna para instalar las placas solares. Con ello el Mallorca no sólo conseguiría autoabastecerse y quitarse de un plumazo la costosa factura de luz sino que podría vender la electricidad sobrante. Fuentes de Gesa han confirmado que por ley están obligados a comprar la electricidad que generan este tipo de instalaciones. Para vender la electricidad del ONO Estadi, simplemente se tendría que instalar un contador de salida en el estadio que controle los kilowatios generados. Las tarifas están reguladas por el Govern Balear, que además ofrece subvenciones para instalar las placas fotovoltaicas. Lo mejor de todo es que eso va a suponer para el club un ingreso de 600.000 euros.

... money, money, mone,
must be funny
in the rich man's world ...
En audición: ABBA "Money, money, money"


Roma città aperta


Está demostrado, en cuanto los riegas un poquito, aparecen como setas. A ver, personalmente, a mí me da igual, que cada uno haga lo que quiera, pero me gusta más la gente sin careta y que yo sepa de qué pie cojean. Yo elegí hace muchos años y, seguramente, cojeo de los dos pies desde que elegí, pero hay cosas que no se pueden cambiar. Por ejemplo, de equipo de fútbol.

... mi nombre es ese que tú me has dado
mi nombre es ese que llevo por ti ...
En audición Iván Ferreiro "Me toca tirar"


Salvados


Tras el 2-4 hemos llegado a 42. Es el juego de números que nos da la salvación. La matemática, no la de nuestras almas, que esa se obtiene por otra vía. Además, siempre he pensado que cierta personita me da suerte incluso en esto.

... la mitad de lo que hemos vivido
hace más ruido,
que el ruido de un cañón ...
En audición: Despistaos "Física o química"


Axioma futbolístico


Casi siempre que estoy mirando por la tele o escuchando por la radio un partido de fútbol con atención, en el que no juega mi equipo, pero en el que su resultado es relativamente importante para mi equipo, se da el resultado que peor le va a mi equipo.

... y dentro de mi cabeza,
todo se mueve ...
En audición: Tequila "Todo se mueve"


Letanías


Seguramente me va a quedar el 13 de mayo libre, así que, ¿quieres que quedemos para cenar?

Alguna vez tenía que pasar lo que no había pasado nunca. Es ley de vida.

No soporto a mi vecino el chillón, ¿es que no se puede estar calladito y tener un mínimo de respeto?

Cada vez que la pelotita acaba donde no debería, es como si me clavaran una puñalada trapera.

No es que algunos parecieran paralíticos, es que lo son.

Hay un objeto redondo que se vuelve cuadrado según quién lo posea.

Desde luego, esa rebequita, no pega con el traje, alguien debería habérselo dicho antes.

Ni de blanco ni de gris, nuestro color es el negro. Está demostrado.

A veces el presupuesto no lo es todo aunque es un buen indicador, ya sabéis, es eso de que no da la felicidad pero ayuda.

Hacer menos faltas que el contrario y ganar en tarjetas 7-2 también tiene su mérito.

Estimados contribuyentes, queridos todos, mi jefe se ha pegado otro viajecito a nuestra cuenta con noche de hotel de cinco estrellas incluído. Es una vergüenza que no lleguemos a la final y pueda hacer otro viajecito.

¿Adónde van los penaltis que no se pitan?

... desde ahora hasta el día en que me muera
por lo menos cabrá la sorpresa ...
En audición: Los Planetas "La Copa de Europa"


Siempre lo mismo


A veces tengo malos pensamientos, tales como pensar en coger una ametralladora y liarme a tiros o, más fácilmente y más sencillo, empezar a tirar gente desde la tribuna del Ono Estadi hacia abajo. Y en esto, reconozco ser muy radical y muy ultra. Me queman las entrañas cuando alguien canta un gol visitante en  mi campo, y si son más de cinco mil, muchísimo más, tanto como para querer matarlos a todos, uno a uno, con sarna y haciéndolos sufrir. Es como si vinieran a reírse de mí a mi casa y en la cara. Yo he ido a muchos campos, en algunos he pasado miedo y, salvo cuando he estado amparado en la masa de seguidores de mi equipo, me he cuidado muy mucho de demostrar ir con el equipo visitante. Yo he sido testigo de palizas en campos visitantes por la simple osadía de llevar una bufanda del equipo rival y he tenido que salir por piernas en más de una ocasión. En Vallecas, en Valencia, en Madrid, en Barcelona ... he sentido miedo por el simple hecho de ser seguidor del equipo visitante. Y aquí campan a sus anchas, exhibiendo impúdicamente sus banderas, bufandas y camisetas, paseándose con total tranquilidad por la grada ...

Ya sé que no tengo razón. Pero ellos deberían sentir el mismo miedo que sentiría yo si paseara ataviado como ellos por sus campos.

Y lo de "sus campos" es puro eufemismo, pues la mayoría no han pisado "su campo" en toda su vida, ni lo pisarán. Son seguidores de televisión y de radio, que nos machacan permanentemente con portadas sobre esos equipos. ¡Qué fácil es ser seguidor de un equipo que siempre gana! Ojalá yo mismo pudiera serlo, igual es eso lo que me corroe por dentro. Pero no. No puedo. Para mí un equipo de fútbol es un sentimiento enraizado con la tierra que me vio nacer y con el equipo que he seguido en días con lluvia, días de viento y frío infernal o haciendo largos viajes ... ¿Cómo cojones puede ser alguien de un equipo al que solo ha visto por televisión y del que nunca ha pisado su estadio? Yo no lo entiendo por mucho que me lo expliquen.

La libertad de expresión, claro. Cada uno puede ser del equipo que quiera. No sé. Si es tan fácil ¿por qué no se han hecho del Mérida o de la Cultural Leonesa o del Polideportivo Ejido? Porque no ganan ni salen por la tele ni son portada de periódicos (o lo que sean el As y el Marca).

Y luego están los otros. Los chaqueteros. Los que empiezan el partido con la bufanda roja en el cuello y aprovechan el primer error de un jugador nuestro para pitarle y, de paso, criticarlo todo. Los que a partir del segundo gol visitante celebran cada gol visitante con una fiesta, los que aplauden a los jugadores visitantes cuando son sustituídos. Esos son los peores, porque a esos tengo que aguantarlos cada quince días a mi lado, ejerciendo de pseudo-seguidores de mi equipo, teniendo la barra de ir criticando al equipo de mis amores cuando en realidad sus colores no están nada claros (aunque para mí, sí). A mí nunca se me ocurriría pitar a un jugador de mi equipo. Yo soy así y un jugador pitado va a rendir menos, parece obvio. Esta gente se defiende con el siguiente razonamiento: yo es que tengo dos hijos y a los dos los quiero igual. Pero se olvidan que el fútbol no es la familia y a mí no me entra cómo se puede querer por igual a dos equipos de fútbol ... vale, ya paro, que total no voy a arreglar nada y yo estoy totalmente equivocado y a vosotros os amparan la Constitución, todo el ordenamiento jurídico y la razón.

Que sí, que ayer vino el Mandril y nos ganó 0-3. ¿Se nota?

... o pierdes tú
o gano yo ...
En audición: Nacha Pop "Pagas caro mi humor"


¿Por qué los domingos por el fútbol me abandonas?


A medida que avanzo por la vida me resulta más difícil explicar ciertas cosas, ya no puedo usar la excusa de la edad o la juventud para explicar mi relación con el fútbol. La tiranía que a veces ejerce el fútbol sobre mi vida ha dejado de ser razonable y/o atrayente. Mis amigos y mi familia saben de sobra que el calendario de partidos del Mallorca tiene muchas veces la última palabra en cualquier cita o acto que podamos convenir. Cualquier acto social está supeditado al partido del Mallorca. El fútbol se convierte en un hándicap que es necesario superar, de la misma manera que si fuera un impedido físico a nadie se le ocurriría organizar una cena en un décimo piso sin ascensor.

Por supuesto a muchos de mis amigos o familiares les importa un bledo el calendario de Primera División a la hora de confeccionar su vida o sus actos sociales. A veces he tenido que inventar excusas socialmente aceptables para no decir "no puedo ir, jugamos en casa contra el Sevilla". Eso sin contar los partidos de Copa del Rey entre semana o los partidos que pasan del domingo al sábado debido a la tiranía de las retransmisiones televisivas. Así tengo que declinar invitaciones que coinciden con un partido de verdad y las que pueden coincidir con un hipotético partido. Y así es imposible que no haya gente cabreada conmigo y empleen esas terribles frases tales como "haz lo que te parezca mejor" o "haz lo que quieras". De hecho una vez simulé el pinchazo de un neumático del coche como excusa por haber llegado una hora más tarde al trabajo de corrector del periódico que tenía los domingos por la tarde, cuando en realidad estaba viendo un partido contra el Zaragoza que habían atrasado una hora debido al horario de verano.

De hecho sospecho que mi relación más que con el equipo es con el estadio. ¿Qué pasaría si una vez me pierdo un partido en el estadio? ¿Tengo miedo a no entender lo que sucediera en el siguiente partido, como si hubiera perdido el hilo y no entendiera los pitos hacia un jugador o algún cántico nuevo? Vaya tontería. En los últimos años no me he perdido muchos partidos, casi todos a los que no he podido ir ha sido porque estaba de viaje fuera de la isla: hace dos temporadas contra el Getafe (victoria 2-0), la temporada pasada contra el Levante (victoria 3-0) y esta temporada contra el Osasuna (empate 1-1). Desde que empecé mi relación con el Mallorca tan solo recuerdo dos partidos a los que no fui estando en Palma: uno de la tercera eliminatoria de la Copa del Rey de 1992 contra el Sant Andreu que se celebró por la tarde (creo recordar que en miércoles a las cinco) y yo tenía turno de trabajo y no pude cambiarlo (ganamos 5-1, aunque ya habíamos ganado el partido de ida 1-2) y otro la temporada pasada contra el Recreativo de Huelva porque estaba enfermo (aunque este lo ví por la tele) y que ganamos 7-1, la mayor goleada de la historia del Mallorca en Primera División.

En fin, para algunos todo un cuadro obsesivo, para otros cuestión de fe y casi religión. Para mí sufrimiento cada quince días porque si al menos ganáramos, aunque ahora ya no me enfado tanto cada vez que perdemos.

Y para acabar decir que esta semana voy a perderme el segundo partido de la temporada, jugamos en casa contra el Recreativo, pero espero poder seguirlo por la radio en muy buena compañía.

... de vez en cuando la vida
afina con el pincel,
se nos eriza la piel ...
En audición: Joan Manuel Serrat "De vez en cuando la vida"


"Haré ganar un montón de dinero al Mallorca"


[De la serie textos prestados (XLIII) ...]
Extracto de una entrevista a Paul Davidson, futuro comprador del Real Mallorca, en el Diario de Mallorca de hoy.

- ¿Qué busca exactamente con la compra del club?
- Queremos convertir el Real Mallorca en una especie de departamento de márketing de una empresa de reciclaje de plástico que vamos a instalar en la isla.

- ¿Y para eso necesita comprar un club de fútbol?
- Para que lo entienda, la industria del plástico no es muy excitante. El fútbol, con toda la carga emocional que tiene, y la masa social que atrae, nos ayudará a darnos a conocer, y no sólo en la isla, también fuera de ella. El Mallorca es una excelente vía de promoción. Todos saldremos beneficiados. El club, y también la isla, porque vamos a desarrollar aquí una actividad comercial muy importante.

- ¿Por qué ha elegido Mallorca?
- En general Mallorca es un buen lugar para hacer negocios. Es una isla donde se genera un ambiente de felicidad y donde conviven ingleses, alemanes y españoles, y además es muy accesible desde casi toda Europa. Y desde luego es un lugar maravilloso para vivir.

Anoche desperté en un sueño
volando en el tiempo hacia atrás,
flotando sobre un arco iris de cristal ...
En audición: Los Flechazos "Viviendo en la era pop"


Diez años atrás


Tantos partidos inútiles que recuerdo y casi se me pasa conmemorar que hoy hace diez años que el Real Mallorca consiguió su primer título oficial de la historia. Fue la Supercopa de España de 1998, título que de la mano del entrenador Héctor Cúper le ganamos al F.C. Barcelona tras derrotarles por 2-1 en el partido de ida disputado en el viejo Lluís Sitjar y por 0-1 el 23 de agosto en el partido de vuelta en el Camp Nou. El gol determinante lo consiguió el delantero Dani al rematar un centro desde la izquierda de Miquel Soler. Miquel Soler había jugado en el Barça en años anteriores y Dani acabó fichando por el Barça al finalizar esa temporada. Así de escueto le rememoraba yo en mi diario por aquél entonces.

... la mejor zurda, no quedan dudas
con su corazón nos dio el triunfo y la gloria ...
En audición: Ratones Paranoicos "Para siempre Diego"


Los domingos toca


Esta semana he renovado el abono del equipo de fútbol de mi ciudad. Por vigesimo primer año consecutivo. Bueno, en realidad empecé a ir al estadio el año mil novecientos ochenta y tres, pero por aquel entonces no era socio del equipo, simplemente pagaba mi entrada cada vez que iba (entraba como infantil y costaba la entrada cien pesetas, mi asignación semanal entera). El año ochenta y seis, tras un nuevo ascenso a primera división, decidí hacerme socio, pero ese año hice una trampita para pasar por infantil: fotocopié la parte delantera de mi documento nacional de identidad junto a la parte trasera de la de mi hermano pequeño. Creo que a los cinco años prescriben los delitos, así que ya no tengo nada que temer. Al año siguiente, ya con veinte años, me dio vergüenza seguir pasando como juvenil y me hice socio adulto. El socio número diez mil ochenta. Desde esa fecha he ido renovando el carnet con mi identidad real. En veintiún años he bajado hasta ser el socio número seiscientos setenta y uno de los más de quince mil que dicen que hay (en cualquier caso yo no sé dónde se meten, porque en el campo nunca somos tantos). Bueno, en realidad ahora ya no somos socios. Desde que los clubs de fútbol pasaron a ser sociedades anónimas deportivas ya no hay socios, porque eso significaría compartir las acciones con el propietario del club y eso, como que no. Ahora simplemente somos abonados.

En estos veintiún años he visto de todo: finales, ascensos, descensos, partidos con el campo lleno, partidos en familia, pañoladas contra el equipo, olés y olas en el campo por el buen juego, el traslado al nuevo estadio, jugadores que han marcado época y que luego fueron cracks mundiales, jugadores que valían menos que las botas que usaban, goles tontos, goles espectaculares, goles en el primer minuto, goles en el tiempo de descuento, entrenadores muy buenos, entrenadores muy malos ... en fin, de todo. Al principio, cuando era más joven, sufría muchísimo con el equipo, tanto que si perdía yo ni cenaba esa noche. Con el tiempo he ido alejando mis sentimientos, he ido viendo el fútbol con otra perspectiva y, aunque prefiero que gane siempre, si pierde no hago ningún drama. Las derrotas entran dentro de las posibilidades y, con un equipo como el mío, entran bastante dentro de las posibilidades. Y aunque a veces voy al campo casi por rutina, confieso que si jugáramos otra final (de lo que fuera) intentaría no perdérmela como siempre hice, porque, los colores, la camiseta, el escudo, se me han metido tan dentro que no podría dejar pasar un partido así sin ir a verlo.

Lo raro es que aún no me hayan concedido la insignia de oro del Club. No lo entiendo.


... tengo antídotos de muchos males
menos de mí mismo,
me obligo a aprender sin escatimar cicatrices ...
En audición: Maga "Mi casa de pájaros"


La pena máxima


El lanzador, en el primer plano que enseña la tele, tiene la cara descompuesta que presentan los que se empeñan en disimular el nerviosismo que les corre por las venas. El portero hace las cien tonterías habituales para despistarlo. Todos los movimientos son parsimoniosos, como si yendo despacio hubiera más posibilidad de acierto tanto para el uno como para el otro. El único que anda un poco apresurado es el árbitro, que parece que quiera terminar cuanto antes con esa especie de comedia o ritual que se establece entre lanzador y portero y de la que ellos suelen estar al margen.

Por la tele se oye a un comentarista, disfrazando de ultra sus comentarios y perdiendo así toda rigurosidad, asegurar que el lanzador va a marcar porque "tiene todo un país detrás con él". El comentarista parece, incluso, más nervioso que los actores del juego.

El lanzador ya está en posición y, de fondo, se oye el silbato del árbitro mandando ejecutar la pena máxima. Pena máxima, sí, pero sólo para uno de los dos contendientes que se baten en ese duelo desigual y, al parecer, por asimilación, para toda una nación. Nuestro héroe nacional ya ha iniciado la carrera hacia el balón, en menos de un segundo contactará con él y decidirá el futuro del país (si hacemos caso al comentarista, claro). No entiendo ni cómo puede correr, abrumado por el peso de tanta responsabilidad ...

De repente me doy cuenta de que no estoy solo en el sofá. Ella ha iniciado, al tiempo que el delantero, unos movimientos nerviosos que han conseguido que la cómoda posición en la que ambos estábamos siguiendo el desarrollo de la parte final del partido se haya esfumado. Ahora su cabeza, que antes reposaba sobre mi pecho, me tapa toda visión posible de la televisión. Y eso que es de treinta y dos pulgadas. Mientras oigo a los vecinos gritar el gol, ella se gira y me besa apasionadamente.

Mientras todo esto ocurre yo pienso que no ha estado nada mal esa forma de superar los cuartos de final. Y que ya nos tocaba darnos una alegría.

... una luz le despertó y a su lado apareció
en el cielo juntos los dos, ahora suena su canción ...
En audición: Lori Meyers "El viajero del tiempo"


Dónde estabas tú en el 99


Yo, tal día como hoy, en Birmingham, Inglaterra. Me acuerdo perfectamente por dos motivos. El primero, porque es la primera y única vez, de momento, que he salido de España. El segundo porque ese día se disputó en esa ciudad, en el mítico estadio de Villa Park del Aston Villa, la última final de la Recopa de Europa, competición que disputaban los campeones de Copa de los países europeos.

Todo hubiera sido genial si no hubieran pasado dos cosas negativas. Primero, que no resultó tan fácil como hubiera parecido ligar con las nativas inglesas, ya que si bien nosotros veníamos de Mallorca, el otro equipo era de Roma, y eso emparejaba las fuerzas a la hora de ligar. Y, segundo, y no menos importante, que perdimos el partido por dos a uno.

Vale, ahora hablaré un poco del partido ya que, por lo expuesto en el párrafo anterior, no tengo ligues que contar.


Tras ir eliminando a potentes equipos como Hearts, Genk, Varteks o Chelsea, los bermellones se plantaron en la segunda final de su historia (la primera fue la de la Copa del año anterior) sorprendiendo a Europa con su juego descarado y un bloque a prueba de bombas. Enfrente, la Lazio de Sven-Goran Eriksson, plagada de jugadores de renombre (Nedved, Vieri, Almeyda, Nesta, Dejan Stankovic, Mancini, etc.) y con la seguridad y el aplomo que da el ser un habitual de las grandes citas, precisamente lo que les faltó a los de Cúper. Cualquier buen aficionado mallorquinista recordará aquella plantilla. Con la sobriedad en la portería de Carlos Roa, la seguridad y el poderío aéreo de Marcelino Elena y Gustavo Siviero en el centro de la zaga, y el carisma y la veteranía de Javier Olaizola y Miquel Soler por las bandas. En el medio, la manija caía en manos de Vicente Engonga, serio, tenaz y trabajador como pocos. El mejor Stankovic, una de las mejores zurdas que haya pisado la isla, no se cansaba de surtir de balones de gol a los hombres de ataque, mientras que por la banda derecha, la potencia y la juventud de un joven Lauren hacía que los grandes de Europa pusieran sus ojos en él. En la mediapunta, un Ibagaza aún pendiente de explotar compartía posición con su compatriota “Chupa” López que, pese a su calidad, nunca llegó a brillar en la isla. Arriba, el gol era cosa de Dani y Leo Biagini, quienes indudablemente vivieron su mejor etapa como futbolistas en el club balear. Paco Soler, Lluis Carreras, Fernando Niño o Carlitos eran otros de los jugadores que apuntalaban un equipo que daba precisamente definición al concepto de “equipo”. Un bloque íntegro y sin fisuras, compensado, con jugadores con hambre de éxito y un entrenador capaz. En el día más grande del mallorquinismo, casi 7.000 personas se desplazaron hasta Birmingham con la ilusión de ver a Olaizola alzar la Recopa. En una nueva reedición del clásico David contra Goliat, los modestos pero efectivos mimbres del Mallorca soñaban con hacer frente a la legión romana encabezada por el temido Christian Vieri. Fue precisamente el ariete laziale quien, adelantándose de cabeza a la defensa bermellona, recordaba al equipo español que una final europea es un tema serio. A los 7 minutos de juego, Roa ya había recogido una vez el balón de sus redes, y el panorama que se presentaba ante los de Cúper no era nada halagüeño. Con el gol en contra y el oficio de los italianos, cualquier disposición táctica del maestro Cúper quedaba reducida a cenizas. Nada de lo ensayado servía ya. Pero aquel Mallorca era de otra pasta. Cualquier equipo se habría venido abajo, con un 1-0 en el minuto 7 frente a un rival italiano en una final. El Mallorca de Cúper no. Sobreponiéndose a la adversidad, reinventándose a sí mismo, creyéndose que de verdad estaban en una final europea, Stankovic y Miquel Soler fabricaron el empate apenas 4 minutos después. Como venía siendo costumbre en los isleños, Jovan Stankovic puso el balón con su bota izquierda a disposición del rematador, en este caso Daniel García Lara, que conseguía la igualada, dejando helados a los italianos y sorprendida a toda la Europa futbolística. Con el 1-1 el partido fue dominado por el centrocampismo. Ni Lazio ni Mallorca inquietaban la portería contraria. La batalla que se libraba en la zona de medios era terrible, con un Engonga colosal frente a la dureza de los italianos, cuya actividad ofensiva quedaba reducida a los balones colgados sobre la cabeza de Vieri ante la incapacidad de un casi inédito Roberto Mancini. Pero el destino, el mismo que había dispuesto que los baleares jugaran aquella final, quiso ser cruel con el novato. Un balón suelto en la frontal del área de Roa, fue aprovechado por Pavel Nedved, quien a la media vuelta y con su pierna derecha, empalmaba una volea que sellaba el infortunio del modesto equipo español. En su interminable recorrido hacia la red, aquel balón puso el alma de toda una isla en vilo. Y el final quiso ser amargo. No ganó quien lo mereció, ganó quien menos lo intentó.



... con la música en vena tendrás
la magia que te falta, y a volar ...
En audición: Celtas Cortos "El ritmo del mar"


Diez años atrás


Valencia, veintinueve de abril de mil novecientos noventa y nueve. Estadio de Mestalla. Yo estaba. Por eso me acuerdo. Fue una noche histórica de esas ...



El Mallorca dobló la apuesta y a punto estuvo de hacer saltar la banca. No llevará a sus vitrinas la Copa del Rey, pero siempre será recordado como el vencedor moral de una final épica. Fueron casi tres horas de pasión incontestable que devolvieron la grandeza a una competición casi clandestina, a la que se aferran los poderosos para justificar los malos ejercicios. El Mallorca llegó a Mestalla con el premio anticipado de la Recopa, sin presiones adicionales, sin ansiedad, y con la modesta condición del outsider. Regresó a su isla con el pecho henchido y despertando las simpatías de quienes tienen la sensibilidad de inclinarse por el débil. Y anoche, más de media España futbolística estuvo con el conjunto mallorquín. La gran historia de esta final comenzó a escribirse a los seis minutos, cuando Amato, el factor desequilibrante por el que suspiran muchas equipos, rompió las cinturas de Giovanni y Nadal para servir en bandeja un balón a Stankovic, que colocó en las mismísima cruceta de Hesp. El globo de la sorpresa estaba hinchado. Era el globo de un equipo solidario, equilibrado y ordenado. El Mallorca, tras conseguir su preciado botín con el tanto de Stankovic, se dedicó a marcar el tempo del partido. Lo hizo manejando las pausas, el control del encuentro y desquició al Barça. Van Gaal no reaccionó hasta después de una hora. La maniobra y el cansancio del Mallorca empujaron al Barça, que encontró el gol en una acción de Giovanni culminada por Rivaldo. Mena reconoció su error y pidió perdón a la afición. Su entrada sobre Rivaldo le costó la expulsión y descompuso el mecano de Cúper. Romero fue más tarde expulsado por un Daudén Ibáñez que llevó el reglamento al límite. El Mallorca, con nueve hombres y Stankovic cojo, realizó entonces una defensa numantina ante un Barcelona volcado, que envió dos balones a la madera, de Giovanni y Pizzi. El último tramo del partido y la prórroga les convertía ya en los héroes del partido. Stankovic tuvo el penalty de la victoria en sus pies, con el portero rival vencido hacia su derecha viendo como el balón iba justo en la dirección contraria, pero unos centímetros más allá de la portería. El campeón lo decidió Hesp al parar el último penalti a Eskurza para cerrar una final que no tuvo perdedores.
... no hay mal que dure cien años,
no hay mal que no acabe bien ...
En audición: La Granja "La mala traición"


Envidia sana


Yo no debería estar escribiendo esto ahora. Debería estar en Madrid, en el estadio Vicente Calderón, notando como en estos mismos momentos empieza a llover sobre la capital del reino, en la final de la Copa del Rey de fútbol. Añadiendo nuevos recuerdos a mis experiencias ya vividas en Madrid 1991, Valencia 1998, Birmingham 1999 y Elche 2003. Sin embargo, un gol de Granero, jugador del Getafe a ocho minutos del final del partido de cuartos de final nos privó de luchar contra el Rácing de Santander por estar en la final de hoy contra el Valencia.

En fin, que no pudo ser y me toca ver el partido por la tele. Al menos así no me mojo.

... es cuando la estupidez gana por afano
a la suerte que nunca llega si la estamos esperando ...
En audición: Andrés Calamaro "Las oportunidades"



La épica se viste de rojo


A veces los sueños se cumplen. A veces el ratón se come al gato. Anoche volvimos a hacer mucho ruido en nuestra competición favorita, la Copa del Rey. Con un juego más efectivo que efectista, o sea, sufriendo como pavos en nochebuena, como no podía ser de otro modo tras la corta renta obtenida en el partido de ida en el Ono Estadi, conseguimos el pase a cuartos de final eliminando al eterno buscador de la triple corona, el líder de Primera División que ha batido todos los récords en la primera vuelta de la competición y que, además, llevaba catorce victorias consecutivas en su feudo. Otra vez se quedan los merengues con una copa de menos.

Anoche Miquel Àngel Moyà, mientras en su pueblo estaban más atentos a la revetla de Sant Antoni, se disfrazó de Casillas (o tal vez no, igual es que es un gran portero también) y lo paró todo. Absolutamente todo. Sus compañeros, durante la primera mitad, se limitaban a pasarle el balón a un rival cada vez que lo tenían. Unas veces al rival más cercano y otras a otro más alejado, pero siempre a un rival, que para algo éramos los invitados a la fiesta blanca. En la segunda mitad, el siempre discutido entrenador nuestro, dio entrada a nuestro particular D10S, el jugador cuyo nombre es más grande que él y, sin embargo, más pequeño que su calidad: Ariel Miguel Santiago Ibagaza. Un inteligente desmarque por detrás de Cannavaro (balón de oro y metrosexual reconocido a la par que reconocible), un pase desde medio campo de Fernando Varela poniendo en juego una falta con rapidez, un control de lujo y un toque sutil por encima de la media salida agónica del portero merengue Dudek, certificaron la victoria bermellona por cero a uno en tan inexpugnable feudo.

Y lo que es más importante para mí, me dieron una noche de alegría (después de ochenta minutos temblando y esto es textual) y permitieron que hoy pueda, por una vez, presumir de equipo de fútbol. Y, de verdad, son tan pocas las veces que hoy voy más ancho que nadie por la calle.

... felicidad
que bonito nombre tienes,
felicidad
vete tú a saber dónde te metes ...
En audición: La Cabra Mecánica "Felicidad"



Fiebre en las gradas


Me enamoré del fútbol sin explicación, sin pensar en los sobresaltos, alegrías y decepciones que la experiencia traería consigo. En casa, mi padre era futbolero, de joven iba todos los domingos a Inca a ver jugar al Club Deportivo Constancia que, en aquél entonces, era el mejor equipo de la isla. En el colegio nos pasábamos el tiempo de recreo jugando a fútbol. Mi primer contacto con un estadio de fútbol fue con siete años. Esa fue la edad en la que pisé por primera vez el Lluís Sitjar, antiguo santuario del Real Club Deportivo Mallorca. Al parecer, y reconozco que esto lo he leído de mayor en libros de historia, nos jugábamos un partido clave para no descender de Segunda a Tercera División contra el Burgos.
 
Recuerdo que había muy poca gente en el campo, empezaban los años de crisis para el Mallorca, que acabó hundido en Tercera poco tiempo después. Fuimos al gol sur del estadio y, como era pequeño, nos pusimos en el muro del terreno de juego. Del partido no recuerdo nada y si sé que el resultado fue de victoria nuestra por uno a cero es porque me lo han chivado los libros de historia.
 
Sé que muchos piensan que contemplar un partido de fútbol es hacer un uso reprobable de la imaginación, malgastarla. De hecho, conservo recuerdos de partidos que ya ha olvidado todo el mundo, recuerdo un seis a dos al Palamós de hace quince años como si fuera ayer, recuerdo un partido contra la Real Sociedad que ganamos dos a uno de hace veinticuatro años, recuerdo haber pasado muchas horas nocturnas llorando cuando el Oviedo nos mandó a Segunda División hace diecinueve años, o cuando el Jerez nos ganó dos a tres en una temporada que debíamos ascender a Primera División. Recuerdo partidos, goles, alineaciones, entrenadores. Recuerdos totalmente superfluos e innecesarios que hasta asustan un poco. He pasado gran parte de mi tiempo libre pelándome de frío o tiritando de nervios en una grada.
 
¿Porqué ha resistido esta relación mía con el fútbol más que ninguna otra que haya tenido yo en la vida? Pues no lo sé, es muy difícil explicarlo. Uno puede cambiar de novia, cambiar de coche, cambiar de trabajo, pero de equipo de fútbol no. Creo que puedo prescindir de muchas cosas, de casi todo, menos de mi partido de fútbol del fin de semana o de los partidos de Copa de los miércoles.
 
Tal vez todas estas palabras definan lo que se llamaría pura y llanamente una obsesión.
 
... no sabes lo que luché para no soñar contigo
y no quieres entender que por fin lo he conseguido ...
En audición: Los Secretos "La calle del olvido"

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